viernes, 9 de julio de 2010

La Petite Mort


La Petite Mort

Por Luis Guillermo


Mientras voy recorriendo tu cuerpo,

camino con besos en forma de pasos.

Mis pasos comienzan en tu cuello,

este se tensa ahogando el espasmo,

pero en mi ruta hay volcanes

duros y tiernos volcanes de encanto.

A paso agigantado llego,

llego a la cima de uno y otro

y de tanto en tanto resbalo,

en aquella frontera de piel y pecado

tu vientre le cuenta a mi boca,

lo que tu boca no dice entre labios.


La humedad y el sudor vienen,

acompañados de un sordo gemido;

tus dedos se deslizan por mi sien,

van dibujando surcos en mi cabello.


Mi boca se pierde en tu boca

mis manos lentas, descienden tu espalda

nuestras piernas encajan perfectas.

Noche tibia olvidando la helada.


Nos dejamos caer en la nada

jugamos juntos a ser como las olas,

subiendo vestidos de espuma

rompiendo sonoramente en la playa;

pero ojalá tu fueras el mar

y ojalá yo fuera como la playa...


Bailando el vals de los amantes

mar y playa se burlan de los mortales,

porque se aman eternamente,

y nosotros morimos en los hostales.


Tus uñas arañan mi espalda

nuestros instintos se reflejan en gritos,

conciencias segadas con espada

amor y muerte se conocen en mitos.


Una vez que morimos, silencio,

regresamos para sufrir el tormento

de vivir y vivir como todos,

y yo solo quiero morir en tu cuerpo.


Mente Maniaca


Mente maniaca.

Por Luis Guillermo


Extraño despertar y saberte cerca,

extraño la ilusión de saludarte,

extraño la ilusión de ver tu cara,

y extraño tu voz diciendo mi nombre.


Sabes, en mis recuerdos guardo tus ojos,

y mis recuerdos; que bien celan tu rostro.

No estás aquí, que mal que no sea así,

la llaga del olvido me hizo daño.


Las promesas cultivaron esperanza,

la distancia se alzo cual gran muralla,

y la enredadera de esperanza

cubrió la barda; y así no vi nada.


Pero el entorno me llevo tan lejos,

no solo es demasiada la distancia,

también es abrumador el olvido,

y más lastimera mi indiferencia.


Es tan inmensamente grande el tiempo,

estar tanto tiempo sin vernos las caras,

increíble lo diminuto del tiempo,

que morimos riendo a carcajadas.


ame como se ama una amiga,

y te ame como se ama a la dama;

sabes, que tonto sería ignorarme,

porque te pertenezco; me perteneces.


Si yo no quiero jugar al conquistador,

no quiero que juegues a la conquistada,

yo solo quiero aclararte mi amor,

para desahogar mi mente maniaca.


Más quiero seguir estando a tu lado,

porque tu no eres una simple dama,

eres la amiga del enamorado,

quiero cuidarte a capa y espada.


Amor sale sobrando en estos versos,

te juro que el verte esta llegando,

para hablar y hablar sin importar,

lo que interesara será nuestro legado.

Crimen de pasión


Crimen de pasión

Por Luis Guillermo


Que manera tan elegante,

de disimular la prisión.

Cárcel de seda y encaje,

verdugo de mi gran pasión.


Deja respirar a tu pecho,

ahogado a cada momento;

quita el muro de tu lecho,

oigo placer en su lamento.


Tu cuerpo es un prisionero,

encerrado en suaves telas.

Lo peor es que soy tu reo,

y sé que también lo anhelas.


Fue mi delito conocerte,

y admito ser el culpable;

Fue mi pecado el desearte,

aquí es el infierno llameante.


Que irónico el ser tuyo,

y que no sepas de mi nada.

Osaría pensar tocarte,

Yo me conformo con soñarte.


Más mi sueño está presente,

acosando con realizarse,

tu sensual cuerpo es un ente,

Y mi deseo es poseerte.

El soliloquio de mi locura


El soliloquio de mi locura
Por Luis Guillermo

Sólo el eco, me acompañará;
mientras las brasas queman mi pasado,
y mi loca conciencia no hablará,
gritará mis temores de antaño.

Yo me quedaré en total silencio,
pondré cara de intenso asombro,
y escucharé el reclamo necio,
de mente reclamándome ser otro.

Dejaré que me grite al oído,
y esperare de brazos cruzados,
más no retrocederé como niño,
y solo quizá después replicaré.

Dulce locura ya no me reclames.
Aquí estaré cual faro de costa,
oyendo el tormento de los mares,
y mi luz perturbará a las sombras.

jueves, 8 de julio de 2010




Eterno

por Luis Guillermo

A la amistad ...

Eres como los grandes arboles imponentes, pero frágiles ante la suave caricia del viento.


Cuando abrí los ojos, ya estabas,

grande, imponente y amigable;

juré que algún día partiría;

mientras, tú seguirías formidable.


No, dolorosamente no fue así,

el suave estruendo del viento venció;

venció al gigante de la raíz;

el gran árbol no cayó, se inclinó.


Increíble momento agónico,

aún mutilado de la gran raíz,

mientras, gemías el llanto bélico,

seguiste luchando contra el sufrir.


Plañido lóbrego y silencioso,

disfrazado de patéticas risas,

hizo que mirara donde estabas

y me diera cuenta que llorabas.


Me senté a tu lado y escuche

y realmente no escuche nada;

mejor dicho, sentí que suplicabas,

suplicabas que todo terminara.


Ya tus ramas sonaban quebrantadas,

ya tus hojas lucían humilladas;

más, sin embargo, tu semblante quedo.

Quedo para perpetuar tu sueño.


Y llego la noche acompañada

de frío, silencio y luna llena,

hablamos de la vida añejada,

y vivimos una velada buena.


No, no hizo falta una promesa,

basto una mirada para pactar,

la eternidad nos protegería

a lealtad no le quedo más que jugar.


Jugamos el juego de la amistad,

soñamos el sueño de lo eterno,

y dejamos atrás a la realidad

y así nos perdimos en sinceridad.